La congestión en patios y las dificultades para devolver contenedores vacíos están generando nuevas presiones sobre el transporte terrestre y evidencian la necesidad de una respuesta coordinada para recuperar la fluidez de la operación portuaria.
Buenaventura continúa enfrentando un escenario de presión logística. Aunque la actividad portuaria se mantiene, la operación alrededor de los contenedores vacíos sigue presentando restricciones que repercuten directamente en el transporte terrestre, los tiempos de operación y la capacidad de respuesta de los distintos actores de la cadena.
El problema no es nuevo. Durante 2026 ya se habían implementado medidas para acelerar la evacuación de contenedores vacíos y recuperar capacidad en los patios. Sin embargo, las dificultades operativas posteriores a la emergencia registrada en agosto volvieron a tensionar el sistema.
De acuerdo con información reportada por diferentes actores del sector, las restricciones para recibir y devolver unidades vacías han provocado esperas prolongadas para los vehículos de carga y afectaciones en los corredores de acceso al puerto. La situación incluso derivó recientemente en un bloqueo en el sector del Parador Pacífico, que posteriormente fue levantado tras establecerse medidas de atención inmediata.
Cuando un contenedor vacío se convierte en un cuello de botella
A primera vista, un contenedor vacío podría parecer un elemento secundario dentro de una operación de comercio exterior. En realidad, su disponibilidad, almacenamiento y devolución son fundamentales para mantener el flujo de la cadena.
Cuando los patios no cuentan con capacidad suficiente para recibir estas unidades, el efecto se multiplica: los vehículos no pueden completar su operación, se prolongan los tiempos de espera, disminuye la disponibilidad de equipos de transporte y aumenta la presión sobre las vías y zonas de acceso.
Es decir, el problema deja de estar únicamente dentro del patio y comienza a trasladarse al resto del sistema logístico.
Esta dinámica explica por qué la congestión de contenedores vacíos requiere una solución que involucre simultáneamente a terminales, patios, líneas navieras, transportadores y autoridades.
Una situación que ya había generado medidas de contingencia
La problemática de los contenedores vacíos llevó anteriormente a las autoridades a establecer medidas específicas para acelerar su evacuación y recuperar espacio operativo.
En febrero de 2026, el Ministerio de Transporte y la Superintendencia de Transporte anunciaron acciones para reducir la ocupación de los patios y ordenar a las líneas navieras avanzar en la evacuación de unidades represadas. Posteriormente, la Superintendencia estableció planes de evacuación y mecanismos de seguimiento sobre la capacidad disponible en los patios.
Estas acciones permitieron mejorar temporalmente la situación. Sin embargo, los acontecimientos recientes muestran que recuperar espacio no es suficiente si el sistema no cuenta con mecanismos capaces de anticipar nuevos desequilibrios entre la entrada y salida de contenedores.
El reto, por tanto, no consiste únicamente en descongestionar los patios cuando alcanzan niveles críticos. También implica mantener una capacidad de recepción acorde con el movimiento real de la carga y establecer mecanismos de contingencia que permitan reaccionar antes de que la congestión llegue a las vías.
El impacto llega hasta el transporte terrestre
Para los transportadores, una restricción en la recepción de contenedores vacíos significa mucho más que una espera adicional.
Un vehículo que no puede completar su ciclo operativo permanece ocupado durante más tiempo y reduce su disponibilidad para atender otros servicios. Cuando esta situación se replica de manera simultánea en múltiples operaciones, el impacto termina reflejándose en toda la programación del transporte.
Por eso, la congestión portuaria debe analizarse como un problema de flujo, no únicamente de almacenamiento.
La capacidad de un puerto no depende exclusivamente de cuánto puede movilizar una terminal. También depende de qué tan rápido pueden entrar y salir los vehículos, qué disponibilidad existe en los patios, cómo se coordinan las citas y qué tan eficientemente se evacúan las unidades vacías.
La emergencia de agosto dejó una presión adicional
La situación actual también debe entenderse dentro del contexto de la emergencia registrada en Buenaventura en agosto.
Las afectaciones sobre infraestructura, corredores de acceso y diferentes actores de la cadena dificultaron la recuperación de la operación. Analdex señaló que las restricciones en los corredores estratégicos, junto con limitaciones de personal en terminales, patios y empresas vinculadas al comercio exterior, extendieron los tiempos de retiro de carga y devolución de contenedores vacíos.
En ese contexto, la normalización no depende de una única decisión. Requiere que cada eslabón recupere progresivamente su capacidad y que las medidas adoptadas entre los diferentes actores estén coordinadas.
La gestión aduanera también entra en escena
Las dificultades operativas tienen además una relación directa con el cumplimiento de los procedimientos de comercio exterior.
Ante la situación de Buenaventura, la DIAN había establecido una suspensión temporal de términos para determinadas actuaciones administrativas, aduaneras y cambiarias. Esa medida estuvo vigente hasta el 11 de septiembre, con reanudación prevista a partir del 14 de septiembre.
La discusión sobre su continuidad adquirió relevancia nuevamente debido a que las condiciones operativas todavía generan dificultades para que usuarios y operadores puedan desarrollar normalmente determinados procesos.
De hecho, el 14 de septiembre la DIAN publicó un proyecto de resolución orientado a adoptar nuevas medidas temporales sobre términos, trámites y actuaciones administrativas para la Dirección Seccional de Impuestos y Aduanas de Buenaventura, en el marco de la situación de desastre declarada.
Esto demuestra que la recuperación logística y la gestión aduanera no pueden analizarse como asuntos independientes: cuando la infraestructura y la operación física presentan restricciones, también pueden verse comprometidos los tiempos asociados a los procesos documentales y de control.
Más que descongestionar: recuperar la fluidez
La situación de Buenaventura deja una conclusión importante para el comercio exterior colombiano: una cadena logística eficiente no depende únicamente de que el puerto esté abierto y operando.
También necesita coordinación entre sus diferentes componentes.
La evacuación oportuna de contenedores vacíos, la disponibilidad de patios, la programación de vehículos, la gestión de citas y la comunicación entre los actores son elementos que deben funcionar de manera sincronizada.
Las medidas adoptadas recientemente, como la priorización de unidades represadas y el aumento temporal de la capacidad de recepción en algunos patios, contribuyeron a restablecer la movilidad después del bloqueo. Sin embargo, estas acciones tienen un carácter principalmente inmediato.
El desafío de fondo es evitar que el mismo ciclo vuelva a repetirse.
Buenaventura necesita una visión de cadena
El puerto continúa siendo un punto fundamental para el comercio exterior colombiano y cualquier alteración en su operación tiene efectos que pueden extenderse mucho más allá de sus instalaciones.
Por eso, la solución a la situación actual debe superar la atención puntual de los vehículos represados. Se necesita una estrategia que permita monitorear permanentemente la capacidad de los patios, anticipar escenarios de saturación, acelerar la evacuación de unidades vacías y coordinar la respuesta entre terminales, navieras, transportadores y autoridades.
En definitiva, la eficiencia de un nodo logístico no se mide solamente por la capacidad de mover carga, sino también por su capacidad para mantener el flujo cuando aparecen contingencias.
Mientras Buenaventura avanza en la recuperación de sus condiciones operativas, la evolución de esta situación será un indicador importante para el comercio exterior colombiano. La prioridad ahora no es solamente superar la congestión actual, sino fortalecer los mecanismos que permitan evitar que un nuevo cuello de botella termine trasladándose nuevamente al transporte terrestre y al resto de la cadena.
EC Cargo seguirá atento a la evolución de la operación logística en Buenaventura y a los cambios que puedan impactar el comercio exterior y el transporte de carga en Colombia.